Nadie puede negar que en este mundo cada vez más globalizado y competitivo se hace necesario no solo adquirir competencias o habilidades específicas y duras respecto a un tema en particular, sino que también se requiere, naturalmente, hacer uso de esas habilidades en distintas situaciones de nuestra vida profesional.

Uno de los temas más controversiales que me ha tocado debatir es la evolución desde el salón de clases presencial hacia las (cada vez más abundantes) ofertas de perfeccionamiento a distancia en línea. Hay quienes argumentan que el desarrollo de Internet y sus tecnologías asociadas constituyen una excelente herramienta para complementar la experiencia docente en el aula tradicional, pero sus ventajas se terminan ahí; mientras otros argumentan (en los cuales me incluyo) que el enfoque tradicional poco a poco va siendo relevado por la tendencia cada vez más marcada de las personas a buscar opciones no solamente más económicas, sino también más flexibles en horarios y formato. No es de extrañar que quienes argumentan lo primero son principalmente personas estrechamente relacionadas con actividades de formación presenciales y que perciben sus ingresos exclusivamente mediante este modelo.

Existen, sin embargo, instituciones que son dirigidas por personas que comprenden que la evolución de las demandas del mercado involucra la capacidad de adaptarse rápidamente a los cambios más que imponer un método que, aunque les siga trayendo beneficios, sea considerado como añejo o arcaico. En este aspecto se cumple la conocida regla de que quien se beneficia directamente es el cliente, ya que se abre la posibilidad a que nuevos y más frescos actores entren en competencia, mejorando y ampliando la oferta del mercado.

Cuando una persona quiere capacitarse, lo que en el fondo busca no es solamente acceder al conocimiento específico que le puede traer asistir a un curso, terminar un máster o participar de un diplomado, sino que detrás siempre existe la idea de que al adquirir esos conocimientos se estará en mejor pie para poder acceder a mejoras laborales, sueldos más elevados o a ser reconocidos en su área. Pero ¿qué conviene? ¿un curso presencial o un curso online?

Las ofertas de cursos presenciales tienen, como todo, ventajas y desventajas. Dentro de las ventajas innegables están el interactuar con personas de la misma área para ampliar la red de contactos, la posibilidad de realizar preguntas oportunas a un instructor en el momento exacto y la posibilidad de sentarse en un aula y dedicarse exclusivamente a poner atención en el contenido del curso (entendiendo que las distracciones dentro de un aula son mínimas). Por otro lado dentro de las desventajas de los cursos presenciales están principalmente los costos, ya que quienes los gestionan deben contemplar gastos como honorarios de los docentes, arriendo de infraestructura y/o equipamiento, materiales didácticos (guías de estudio, libros, entre otros), coffee break y varios factores que, como siempre, estos costos son traspasados directamente al cliente que adquiere el curso. Bajo esta dinámica no es extraño entones que además muchas veces se deba esperar que exista un cupo mínimo de interesados para que se dicte ese curso ya que se deben cubrir los costos operacionales y las utilidades recién comienzan a aparecer cuando se pasa el umbral requerido en cantidad de asistentes.

Otra desventaja es la rigidez propia de una actividad presencial. Los horarios muchas veces son incompatibles con las actividades laborales o cuando se realizan después del trabajo e incluso durante los fines de semana se debe sacrificar vida familiar para poder asistir a los cursos. Podemos incluso ir un poco más lejos y pensar que no todas las personas viven en los grandes núcleos urbanos, donde la oferta de especialización es más amplia y quienes opten por perfeccionarse deben además contemplar gastos de viaje y tiempo extra. Además existe el riesgo de que el instructor a cargo del curso no tenga las competencias requeridas, sea aburrido, no domine el tema o simplemente carezca de empatía y resulte en una experiencia poco motivadora y decepcionante para muchos. Y claro, aunque este último es un punto más subjetivo, también es cierto que la empatía del instructor es el factor de éxito o fracaso más reconocido entre los alumnos a la hora de evaluar las actividades.

Si nos vamos ahora a los cursos en línea las ventajas son claras. También puede ocurrir que el instructor no sea del agrado del alumno pero en este caso existe la posibilidad de solicitar una devolución del dinero (aunque depende del criterio de la organización que dicte el curso) o asumir el costo y seguir adelante, pero entendiendo que ese valor es siempre mucho más bajo que un curso presencial ya que los sistemas de entrenamiento a distancia tienen costos operacionales menores y por ende el usuario final paga justamente menos.

En Netlearning Academy ofrecemos cursos en modalidad "self-paced". Esto significa que el alumno no estará sometido a un horario específico donde deba conectarse porque el docente no lo atenderá en otro momento, sino que es libre de regular su avance a su propio ritmo. Lo anterior no excluye la posibilidad de concertar webinars o sesiones con instructores en línea, pero el concepto principal es que los cursos se desarrollan de manera flexible para cada persona.

Para quienes trabajen o tengan actividades que consumen gran parte del tiempo diario esta modalidad es ideal, pues aunque algunos cursos puedan tener 10, 20 o hasta 100 horas de entrenamiento, cada quien es libre de distribuir esas horas de la manera que más le acomode. Así, por ejemplo, un usuario tomando un curso de 50 horas puede terminarlo en el transcurso de 1 semana o de 6 meses. Incluso si hay un concepto que no quedó claro, se puede retroceder un video y ver cuántas veces se quiera. No así una clase presencial.

Si se analiza la oferta de los cursos online desde el punto de vista de precio/calidad, el riesgo en la inversión es mucho mas bajo que un curso presencial. No por nada las grandes universidades y compañías del mundo están desarrollando tecnologías que están enfocadas en lograr que las escuelas y universidades de los próximos 50 años tengan un mínimo de personas presenciales y la mayoría se conecte a distancia en un aula mayoritariamente "virtual".

Estamos convencidos que el conocimiento y la información es la clave para abrir mayores y mejores oportunidades profesionales. Esto nos lleva a estar activamente involucrados en generar una mayor oferta para los usuarios y a asumir el compromiso fundamental en nuestro rol de instructores técnicos de que con nuestro trabajo podemos ayudar a mejorar la calidad de vida de muchas personas.